Las empresas gastan cerca del 50% más de lo necesario para estar en la nube

La madurez en la adopción de la nube se acentúa en todo el mundo. Aún así, los costos ocultos y el desperdicio de recursos continúan siendo la norma. El informe State of Cloud Usage Optimization 2024 detectó que el 78% de las organizaciones considera que desperdicia entre el 21% y el 50% de sus gastos anuales destinados a cloud. 

A esto se suma un reciente informe de Gartner, que asegura que el 25% de las empresas sentirá una gran insatisfacción con sus nubes para 2028 como consecuencia de expectativas poco realistas, implementaciones subóptimas o costos fuera de control.

En esta línea, los expertos de Cloud Legion, empresa multidisciplinaria centrada en la protección de la información, analizan ocho aspectos para optimizar al máximo las inversiones corporativas en servicios en la nube:

Correcto dimensionamiento de las instancias. Muchas organizaciones pagan por capacidad que no necesitan. El rightsizing ajusta el tamaño de las instancias a la demanda real y genera ahorros inmediatos. El uso de instancias reservadas, por su parte, optimiza la compra según el uso histórico y la duración de los contratos y evita mantener reservas caducas.

Almacenamiento de datos duplicados o sin lifecycle definido. Los datos tienden a multiplicarse y ocupar espacio innecesario. Definir políticas de ciclos de vida permite mover información poco utilizada hacia opciones de almacenamiento más baratas y evitar duplicaciones que inflan los costos sin aportar valor.

Licencias de software no aprovechadas en entornos cloud. Si no se usan o no están correctamente asignadas son una fuente de desperdicio. Una auditoría periódica ayuda a detectar estos gastos invisibles y a reasignar o cancelar lo innecesario.

Transferencias de datos mal gestionadas entre regiones o proveedores. El egress (salida de datos) suele ser uno de los costos más altos y menos visibles. Una arquitectura bien diseñada minimiza movimientos innecesarios y reduce tarifas por transferencia.

Recursos de prueba y desarrollo que nunca se apagan. Entornos que quedan encendidos fuera del horario laboral consumen recursos sin razón. Automatizar su apagado es una práctica simple con alto impacto.

Aprovechamiento de herramientas de gestión de costos. Tanto las nativas (AWS Cost Explorer, Azure Cost Management, Google Cloud Billing) como las de terceros permiten monitorear en tiempo real el consumo por proyecto, equipo o servicio. Configurar dashboards y alertas ayuda a anticipar desvíos, por ejemplo, cuando el gasto real se acerca o supera el presupuesto mensual.

Adopción de FinOps. Esta disciplina une gestión financiera, operaciones e ingeniería para maximizar el valor de cada dólar invertido. No se trata solo de reducir costos, sino de consolidar un modelo de gobernanza financiera en la nube y alinear el consumo tecnológico con los objetivos estratégicos del negocio.

Promover una cultura de accountability. Identificar qué departamentos, equipos o aplicaciones generan los costos más altos y hacerlos responsables de optimizarlos, permite transformar la nube en un recurso eficiente y compartido en lugar de un gasto sin control.

“Es posible reducir costos, prever consumos y transformar la nube en un activo estratégico y, para ello, las palabras claves son gobierno y optimización”, explicó Christian Ibiri, CEO de Cloud Legion. “Con un marco de gobernanza, herramientas de monitoreo avanzado, tableros en tiempo real y un acompañamiento consultivo, la complejidad se convierte en decisiones inteligentes: no se trata sólo de recortar, sino de gastar mejor, con visibilidad, responsabilidad y colaboración entre áreas técnicas y financieras”, concluyó.

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