El modelo requiere una inversión aproximada de USD 54.000 y proyecta un recupero dentro de los 15 meses. A su vez, puede instalarse en locales relativamente pequeños: el espacio requerido parte de aproximadamente 3,5 metros de ancho por 9 metros de largo.
La expansión está prevista para distintas zonas de CABA y Gran Buenos Aires y ya empieza a trasladarse también al interior del país. En la provincia de Córdoba, por ejemplo, la compañía tiene previstas 2 próximas aperturas así como también en Rosario, S. Salvador de Jujuy, San Miguel de Tucumán, Bariloche, entre otras.
“El interés que está generando este tipo de propuestas tiene mucho que ver con un cambio en el inversor. Hoy se buscan negocios que puedan convivir con otras actividades, que tengan estructuras operativas simples y donde la tecnología permita reducir la necesidad de intervención cotidiana”, explica Sebastián Valsecchi, socio de Franquicias que Crecen.
A diferencia de una lavandería tradicional, el formato funciona bajo una modalidad de autoservicio. El cliente ingresa al establecimiento, realiza el pago, selecciona el lavado, utiliza las máquinas y posteriormente las secadoras, sin necesidad de contar con una persona que lo asista durante todo el proceso.
Del lado del franquiciado, la tecnología permite monitorear gran parte de la operación a distancia: desde el sistema de gestión puede controlar las máquinas, realizar desbloqueos y observar lo que sucede dentro del establecimiento mediante cámaras.
La estructura cotidiana se concentra principalmente en la limpieza y el mantenimiento del espacio, reduciendo considerablemente la necesidad de contar con personal permanente de atención.
“Hay personas que quieren invertir y tener un comercio, pero no necesariamente buscan generar un nuevo autoempleo. Quieren que el negocio funcione mientras ellos continúan con su actividad profesional o administran otras inversiones. Ese cambio está impulsando formatos cada vez más automatizados”, señala Valsecchi.
El crecimiento del modelo combina dos características que no siempre aparecen juntas: automatización y un servicio de primera necesidad.
Las lavanderías autoservicio atienden una demanda vinculada a personas que no cuentan con lavarropas propio, viven en espacios reducidos, alquilan temporalmente o simplemente buscan resolver el lavado y secado de ropa de manera rápida. La experiencia internacional también muestra que el formato no se limita a zonas turísticas o de alto poder adquisitivo. En Brasil, donde el modelo ya está ampliamente desarrollado, este tipo de establecimientos tiene una presencia importante en barrios residenciales y zonas populares.
Con 42 contratos firmados en ocho meses, nuevas aperturas previstas y una inversión inicial de USD 54.000, el caso muestra una tendencia que comienza a ganar espacio dentro del sistema de franquicias argentino: modelos con menos estructura, mayor automatización y la posibilidad de administrar un comercio sin que el propietario tenga que estar presente durante toda la jornada.
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