La empresa especializada en mejora de procesos Centum, llevó adelante un relevamiento para tener una “foto” de los problemas que enfrenta el sector. Según encuestas privadas y datos del sector, sólo el 28,4 % de las pymes argentinas tuvo rentabilidad positiva en el segundo trimestre de 2025, mientras que más del 30 % operó directamente a pérdida, erosionando su capital de trabajo para sostener la actividad. Estas cifras reflejan un contexto dramático de rentabilidad reducida que se agrava cuando las fallas operativas se suman a la crisis estructural del sector.
Las pymes suelen concentrarse en vender más, pero muchas veces pierden rentabilidad por ineficiencias en la operación diaria. Errores de gestión, procesos manuales, falta de información en tiempo real y sistemas obsoletos generan pérdidas silenciosas que, acumuladas, pueden representar entre el 5% y el 10% de la facturación anual.
Lejos de ser problemas excepcionales, se trata de fallas estructurales que atraviesan a buena parte del entramado pyme. La Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales (ENAC) realizó un relevamiento en 2025 que arrojó datos sobre los costos de ineficiencia:
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Desfase de Costos: Las pymes reportaron que sus costos operativos subieron un 21,16% en el primer trimestre, casi el triple que la inflación oficial de ese periodo.
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Pérdida por Descontrol de Stock: Un 22% de las empresas consultadas admitió haber tenido rentabilidad negativa, vinculada en gran medida a la "pérdida de materiales" y errores de facturación y/o despacho derivados de sistemas de gestión obsoletos.
Las pymes también enfrentan estos problemas según el sector al que pertenecen. Dentro del Retail, el Estudio de Faltante de Mercadería - GS1 Argentina, en su actualización de 2025, el índice de faltante en góndola se situó cerca del 12%. De acuerdo al relevamiento, el 40% de ese faltante se debe a "errores de procesos internos" (trazabilidad defectuosa entre el depósito y la expedición). Es decir, la mercadería está físicamente en la planta, pero el sistema no la encuentra, lo que equivale a una pérdida total de la venta.
Por su parte, la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos, junto con la Universidad Tecnológica Nacional, monitorea cuánto dinero "se pierde" en el movimiento de mercaderías. Se estima que las empresas que no utilizan sistemas de trazabilidad en tiempo real (GPS/RFID) pierden entre el 1,5% y el 2% de su facturación anual solo en "ajustes de inventario" (mercadería que sale de fábrica pero no llega al destino o llega dañada).
Procesos desalineados y datos dispersos
Una de las principales fuentes de pérdida aparece cuando las áreas no trabajan con información integrada. Ventas, administración y operaciones suelen manejar datos distintos, lo que deriva en errores de facturación, promesas incumplidas y retrabajo.
Distintos estudios estiman que esta descoordinación puede costar entre 3% y 6% de los ingresos anuales, especialmente en empresas comerciales e industriales. La causa no es solo tecnológica, sino organizacional: múltiples planillas, sistemas que no se hablan entre sí y ausencia de una “fuente única de información”.
En un escenario económico donde cada punto de rentabilidad cuenta, mejorar la operación dejó de ser una opción y pasó a ser una necesidad estratégica para las pymes. En el caso de los sistemas de gestión, hasta el 91 % de las empresas reportan mejoras en niveles de inventario como su beneficio más significativo, mientras que el 78 % de las organizaciones reportan aumentos en productividad tras implementar un ERP, según datos aportados por Centum.
“La mayoría de estas pérdidas no responde a falta de ventas, sino a ineficiencias internas. La buena noticia es que muchas se pueden prevenir con inversiones moderadas: automatización de procesos, sistemas integrados, indicadores básicos y una gestión más apoyada en datos”, explica Juan Pablo Di Tommaso, que además de ser CEO y fundador de Centum, es especialista desde hace más de 25 años en la mejora de los procesos de las pymes.
Las pymes argentinas afrontan un doble desafío: un entorno macroeconómico complejo, con retracción de la demanda y tensiones financieras, y pérdidas internas derivadas de fallas operativas que podrían evitarse con mejores prácticas de gestión y tecnología.
Mientras algunas empresas logran adaptarse, una proporción significativa sigue operando sin rentabilidad real, lo que pone en riesgo su sostenibilidad a largo plazo. Mejorar la operación interna dejó de ser una opción y se convirtió en una condición clave para la supervivencia del sector pyme en Argentina.