Más allá del ahorro: por qué las empresas eligen la tercerización estratégica

Durante años, la tercerización estuvo asociada casi exclusivamente a la reducción de costos. Sin embargo, el escenario actual está cambiando esa lógica. La creciente complejidad operativa, la necesidad de responder más rápido a los clientes, la digitalización de procesos y el aumento de las exigencias regulatorias están llevando a las organizaciones a revisar qué tareas realmente generan valor y cuáles consumen recursos sin aportar una ventaja competitiva diferencial. 

Uno de los principales desafíos de las empresas modernas es gestionar procesos cada vez más complejos y exigentes sin perder foco en las actividades que generan crecimiento, innovación y valor para el negocio. 

"La pregunta ya no pasa únicamente por cuánto cuesta un proceso, sino por cuánto valor aporta al negocio. Muchas compañías siguen destinando recursos estratégicos a gestionar actividades que, aunque son importantes, no generan diferenciación en el mercado", explica Facundo López Cordini, Director Nacional de Outsourcing de Adecco Argentina.  

El error que puede costarle eficiencia a las empresas 
Uno de los desafíos observados por Adecco en muchas organizaciones es la dificultad para diferenciar actividades críticas de actividades estratégicas. 

Un proceso puede ser clave para garantizar la continuidad operativa y, al mismo tiempo, no constituir el principal motor de diferenciación o crecimiento del negocio. La gestión de nómina, determinados procesos logísticos, tareas administrativas o funciones de back office son algunos ejemplos de actividades que, aun siendo fundamentales para la operación, suelen requerir capacidades de gestión diferentes a aquellas que impulsan la propuesta de valor central de una organización. 

Cuando estas funciones crecen en complejidad, suelen demandar mayores estructuras de supervisión, más recursos y una dedicación creciente de los equipos directivos. 

La complejidad operativa se convirtió en un problema de negocios 
Las compañías operan actualmente en entornos caracterizados por operaciones multi-sede, cadenas de suministro distribuidas, estándares regulatorios cada vez más exigentes, clientes multicanal y procesos digitales que requieren actualización permanente. 

Esta realidad genera una tensión constante: mientras las organizaciones necesitan concentrarse en innovación, crecimiento y desarrollo comercial, gran parte de sus recursos termina absorbida por procesos operativos que no forman parte de su núcleo estratégico. 

"Lo que observamos es que muchas empresas no enfrentan un problema de ejecución, sino de arquitectura organizacional. Cuando la complejidad operativa empieza a competir con el negocio principal, es momento de revisar cómo están distribuidas las responsabilidades dentro de la organización", agrega el Director de Outsourcing de Adecco Argentina.  

De tercerizar tareas a transferir resultados 
En este contexto, el modelo de outsourcing evolucionó. Mientras los esquemas tradicionales se enfocaban en la provisión de recursos o en la externalización de actividades puntuales, los modelos más avanzados transfieren responsabilidad sobre productividad, calidad, cumplimiento y desempeño. 

Este cambio responde a una necesidad cada vez más frecuente en las empresas: incorporar expertise y capacidad de gestión sin tener que desarrollar internamente todas las competencias necesarias. Más que tercerizar tareas, las organizaciones buscan sumar socios especializados capaces de asumir objetivos concretos y generar resultados medibles. 

Bajo este enfoque, los procesos se gestionan mediante indicadores medibles, acuerdos de nivel de servicio (SLA), métricas de productividad y esquemas de mejora continua. 

Para Adecco, la decisión de tercerizar no debería responder a una necesidad coyuntural ni a una búsqueda inmediata de reducción de gastos, sino formar parte de una estrategia de diseño organizacional que permita a las compañías concentrar esfuerzos en aquello que realmente las diferencia en el mercado. 

"Externalizar no significa perder el control. Significa redefinir dónde reside ese control y cómo se ejerce. Las empresas más eficientes no son necesariamente las que hacen todo internamente, sino las que identifican con claridad qué actividades deben gestionar y cuáles pueden ser ejecutadas bajo modelos especializados orientados a resultados", concluye Facundo López Cordini.  

Las organizaciones que mejor están respondiendo a este escenario son aquellas que logran concentrar sus recursos en aquello que las diferencia, mientras se apoyan en especialistas para gestionar procesos complejos con estándares cada vez más exigentes. 

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Durante años, la tercerización estuvo asociada casi exclusivamente a la reducción de costos. Sin embargo, el escenario actual está cambiando esa lógica. La creciente complejidad operativa, la necesidad de responder más rápido a los clientes, la digitalización de procesos y el aumento de las exigencias regulatorias están llevando a las organizaciones a revisar qué tareas realmente generan valor y cuáles consumen recursos sin aportar una ventaja competitiva diferencial.