Del currículum a la evolución: cómo detectar el verdadero valor del talento

A medida de que avanza la aplicación de Inteligencia Artificial, la robotización y los procesos automáticos en las empresas, es fundamental volver a las habilidades blandas para poder gestionar y resolver problemas. Porque, aunque la tecnología resuelve muchas cosas, sigue sin poder reemplazar la empatía, la intuición o la capacidad de leer una situación compleja. Estas habilidades, lejos de ser un complemento, hoy son un factor determinante para el rendimiento colectivo, la adaptación al cambio y la sostenibilidad del talento en las organizaciones.

Durante años, el foco estuvo puesto en el talento individual. Se creía que atraer a los "mejores y más brillantes" garantizaba el éxito. Sin embargo, investigaciones muestran que este enfoque, por sí solo, ya no es suficiente. Estudios publicados por Harvard Business Review y consultoras como Bain & Company afirman que el rendimiento no depende únicamente de las capacidades técnicas individuales, sino de cómo esas capacidades se integran, se potencian y se adaptan al entorno.

“El talento lo es todo” ha sido un mantra repetido en conferencias y procesos de reclutamiento. Pero ¿qué pasa cuando ese talento actúa en un entorno que no lo habilita, que no lo contiene o que no favorece la colaboración? El "Efecto del Lugar", descrito por Boris Groysberg, demostró que entre el 40% y 50% de los líderes estrella que cambiaban de empresa veían caer su rendimiento durante los primeros años si la cultura organizacional no se alineaba con su forma de trabajo.

Frente a esto, el desarrollo de habilidades blandas aparece como un puente necesario entre el talento individual y los resultados colectivos. No alcanza con saber: hay que saber hacer, saber ser y saber convivir. Comunicación efectiva, empatía, pensamiento crítico, adaptabilidad, escucha activa y liderazgo colaborativo son algunas de las capacidades más valoradas por las empresas que buscan equipos sostenibles y resilientes.

“Creemos que elegir talento es mucho más que evaluar competencias técnicas. Por eso aplicamos el Assessment del MDI para poder tener una mirada integral de los perfiles. Esta mirada implica evaluar a la persona en su totalidad: su potencial, sus habilidades interpersonales, su nivel de conciencia y adaptabilidad, y, sobre todo, su coherencia con la cultura organizacional”, señala Agostina Pastoriza, Head de Recursos Humanos de Integralis Consulting.

Uno de los errores más comunes es confundir experiencia con capacidad, o tomar decisiones exclusivamente desde el currículum técnico. El verdadero diferencial está en detectar el potencial evolutivo del talento: qué tan preparado está para acompañar la transformación futura del negocio y qué tanto puede construir con otros.

El poder de los entornos que habilitan

El concepto de contexto habilitante es clave para entender esta sinergia. Un estudio de Bain & Company encontró que las organizaciones con entornos altamente habilitantes—con liderazgo claro, visión compartida y autonomía operativa—multiplican por 2.5 la productividad de sus colaboradores en comparación con aquellas que carecen de estos factores.

Frente a una economía basada en la colaboración, surge con fuerza la noción de talento colectivo. Investigaciones de MIT y Google, como el proyecto Aristotle, revelaron que los equipos más efectivos no eran necesariamente aquellos con los individuos más inteligentes, sino aquellos con mayores niveles de seguridad psicológica, equidad en la participación y sensibilidad interpersonal.

“Integrar habilidades blandas en los equipos no es una opción, es una necesidad estratégica. No se trata solo de brindar capacitaciones aisladas, sino de construir una cultura organizacional que valore y promueva estas competencias en todos los niveles. El primer paso es diagnosticar el punto de partida, identificando fortalezas y oportunidades de desarrollo. Luego, incorporar estos criterios en los procesos de selección, priorizando la coherencia cultural y el potencial evolutivo por encima del currículum técnico”, comenta Ignacio Martinez Escala, Head de Integralis Consulting.

Por lo tanto el talento florece cuando hay coherencia entre:

● el mundo interno del colaborador (su motivación, valores, visión de vida),

● sus competencias técnicas y conductuales,

● la cultura de la organización, y

● los procesos y estructuras que facilitan su acción.

Desde Integralis Consulting, trabajan activamente en entrenar a personas y equipos para elevar su nivel de conciencia, su capacidad de conexión y su impacto colaborativo. Porque la verdadera ventaja competitiva está en crear el sistema donde lo mejor de cada quien pueda emerger.

El desafío actual para las organizaciones no es encontrar a los más talentosos, sino crear el entorno donde ese talento pueda florecer en conjunto. Las condiciones para colaborar, confiar y construir en equipo se vuelven tan importantes como las habilidades individuales. Porque el rendimiento sostenido no se logra por genialidades aisladas, sino por culturas que habilitan, conectan y potencian a las personas.

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